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sobre felicidade, medo e educação

por   /  03/03/2010  /  12:10

Hace una semana escuché por la radio un programa dedicado a la felicidad. Allí dijeron que la felicidad se alcanza cuando algo que se deseaba logra conseguirse. Y que una gran felicidad llega cuando se consigue algo que se deseaba mucho. Aunque después, cuanda ya se ha conseguido, se termina la felicidad, porque la felicidad es, en realidad, el camino a la realización, y no la realización misma.

Mamá dice que si una persona tiene miedo de que le roben, le robarán sin falta. Que en la vida siempre te sucede precisamente aquello de lo que tienes miedo. Por eso nunca hay que tener miedo. Y en realidad es así. Cuando en clase tengo miedo de que me pregunten, irremediablemente me preguntan.

Y en el relato de Cortázar ‘Final del juego’, se dice ‘nos pareció maravillosa’. Estas palabras ejercen tal influencia sobre mí que alzo los ojos y pienso. En ocasiones me parece que vivir es maravilloso. Pero en ocasiones todo pierde interés y le pregunto a mamá: ‘Para qué vive la gente?’ Ella responde: ‘Para sufrir. El sufrimiento es la norma.’ Entonces papá recplica: ‘Es la norma para los idiotas. El hombre está hecho para la felicidad.’ Mamá comenta: ‘Has olvidado añadir que es como el pájaro para el vuelo. Y también que la compasión es humilliante para el hombre.’ Papá responde: ‘Por supuesto que es humillante, porque sólo los imbéciles y las imbéciles cuentam con la compasión. La gente inteligente cuenta consigo misma.’ Pero mamá dice que la compasión significa piedad, coparticipación en el sufrimiento, y que esto es lo que sostiene el mundo, y que también es una facultad que se da en muy poca gente, incluso entre la gente inteligente.

Es un desagradable este Zagoruiko. Todo lo que piensa lo dice, aunque la educación le sea dada al hombre precisamente para que sepa ocultar sus verdaderos sentimientos, en el caso de que éstos estén fuera de lugar.

Viktoria Tókareva, em “El Día Más Feliz (Relato de una Adolescente Precoz)”

* A foto lindíssima é de Christina Poku

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aprendendo a conviver com a saudade

por   /  03/02/2010  /  12:19

Eu era um sujeito então perseguido pelas nostalgias. Sempre tinha sido, e não sabia como me livrar da saudade para viver tranqüilamente.

Ainda não aprendi. E desconfio que nunca vou aprender. Mas pelo menos já sei uma coisa valiosa: é impossível se livrar da memória. Você não pode se livrar daquilo que amou.

Isso tudo vai estar sempre com a gente. Sempre vamos desejar recuperar o lado bom da vida e esquecer e desnutrir a memória do lado mau. Apagar as perversidades que cometemos, desfazer as lembranças das pessoas que nos magoaram, eliminar as tristezas e as épocas de infelicidade.

É totalmente humano, então, ser um nostálgico, e a única solução é aprender a conviver com a saudade. Talvez, para a nossa sorte, a saudade possa se transformar, de uma coisa depressiva e triste, numa pequena faísca que nos impulsione para o novo, para nos entregar a outro amor, a outra cidade, a outro tempo, que talvez seja melhor ou pior, não importa, mas será diferente. E isso é o que todos procuramos todo dia: não desperdiçar a vida na solidão, encontrar alguém, entregar-nos um pouco, evitar a rotina, desfrutar a nossa parte da festa.

Eu ainda estava assim. Tirando todas essas conclusões. A loucura me rondava e eu escapulia. Tinha sido coisa demais em muito pouco tempo para uma pessoa só, e saí por dois meses de Havana.

Pedro Juan Gutiérrez, minha mais nova paixão, em “Trilogia Suja de Havana”

* a foto é de jaime m

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